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La casa Black and Decker, fundada en Maryland en 1910, ha tenido como parámetro diseñar todo tipo de herramientas que satisfagan las necesidades básicas de sus clientes desde clavar un clavo hasta acompañar la creación de una solución innovadora. De hecho, su primera herramienta era una máquina que tenía como función fabricar las tapas de las botellas de leche. Este desarrollo, aún innovador para nuestra época, apuntaba a la esencia de lo que representa Black and Decker para millones de usuarios alrededor del mundo, que las funcionalidades de sus herramientas sirvan tanto para el hogar como para la industria.


Sin el aporte de la casa, la caja de herramientas no sería lo que es hoy: un contenedor para organizar por funciones las herramientas indispensables. Si algo hay más definitorio de una profesión que tenga que ver con manufactura, por ejemplo, una señal de la seriedad con la que el trabajador asume su oficio es con uno de estos contenedores repletos de historia, tantas que hasta el Museo Smithsoniano de los Estados Unidos de Norteamérica ha abierto un espacio para contar su trayectoria a lo largo del siglo anterior.


En lo que nos interesa, un taladro Black and Decker es una herramienta multipropósito que no sólo cumple funciones de realizar agujeros en materiales duros mediante una broca, que percute gracias a la acción de un motor, sino también uno de esos instrumentos icónicos que, por su diseño, cabe perfectamente en una caja de herramientas. Tener un taladro a la mano resuelve problemas de la vida cotidiana, como por ejemplo, abrir ese agujero por el que usted pretende pasar algo o fijar un clavo. Sea que usted busque asentar un pilar o simplemente despejar un agujero que cumplirá luego con alguna otra función, el taladro es la mejor opción. Básico, como la pica o la pala, el martillo o el metro, no puede hacerse a un lado en el contenedor de las herramientas para construcción.


El bricolage industrial, enmarcado en la tendencia del Do It Yourself (Hazlo tú mismo), clave para la existencia de franquicias tan potentes como IKEA, apuestan porque el usuario construya sus propios muebles, tiene al taladro como el eje de toda su cultura corporativa. Muchas son las prestaciones incorporadas a éste en el transcurso de los años, pero la clave está en reconocer que éste ya hace parte de las herramientas eléctricas más utilizadas del momento. Y es a partir de una innovación sencilla, como que tenga, o no, cable, lo que hace la diferencia en cuanto a sus prestaciones. Dado que puede conseguirse en versiones: ligero, para trabajo en casa; intensivo, para industria o bricolage; o percutores con broca intercambiable, el taladro apuesta a afrontar el siglo con vigencia, movilidad y diseño... para resolver los problemas que surjan en el día a día de las obras o los arreglos caseros.


Para concluir, no olvide adicionar a su caja de herramientas un juego de destornilladores Stanley, nunca se sabe cuándo necesitará ajustar esos goznes de la puerta que hace poco instaló.

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